LA CODOSERA - BADAJOZ (EXTREMADURA)

 

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POESÍAS


Saludos y bienvenidos poetas, lectores, autores, y todos los que disfrutan de la poesía.

    Aquí damos rienda suelta a la magia que crean  las palabras de personas que disfrutan de la poesía, y comparten sus escritos con todos nosotros.
 

NO FUI, EN MIS ALBORES...

No fui, en mis albores, apenas otra cosa
que un diminuto cuerpo;
al llegar a esa edad en que ya se razona,
fui cuerpo y fui cerebro;
después de algunos años, al crecer y ser hombre,
yo fui yo y mis proyectos;
al cabo de los lustros, tras mucho haber vivido,
ya soy yo y mis recuerdos...

(El día de mañana, enamorado polvo
vibrando en el silencio.)

Ávila, 15 de Mayo 1990
 

José María Hercilla Trilla

 

HAN TRAICIONADO EL ALMA DE LOS BOSQUES

Han traicionado el alma de los bosques
y aniquilado el cuerpo de los prados
en aras -aseveran- del progreso...
Mas si entreabro el manto que recubre,
La Codosera, tu cuerpo adolescente
descubriré en tus senos todavía
el verdor natural de un paraíso.

Como una gelatina monstruosa,
ascendente y versátil,
el aire se ha cubierto en las ciudades
-que llamamos urbes del progreso-
de una costra inquieta y aterrante
de polvo iridiscente
y gas irrespirable en suspensión....
El perfumado aliento de tus labios,
en La Rabaza, junto al Gevorete,
me dices que hay un mundo todavía
para hombres con sangre en las entrañas.

Allí afloran equipos megafónicos
sobre prados de hierba artificial,
y por las bocas de los altavoces
disparan, tabletean,
(grabadas en los surcos de un compacto)
unas notas que imitan pobremente
cantando al ruiseñor en la enramada
-que casi se ha extinguido el planeta-,
mas yo sus trinos oigo todavía,
en tu Chopera que al Gévora ensombrece.

Hay por la urbe miles de aerosoles
perfumando el ambiente corrompido
de alquímicos aromas olorosos
con resina de pino en emulsión;
que aspiramos desde la rejilla
del filtro de una máscara antigás.

¿Entiendes mis afanes ascendidos,
La Codosera,
del que quiere morir siendo  hijo tuyo
tomando el sol bajo tus encinares?

Pedro Cordero Alvarado

 

VERANO

La blancura de cal del cortijo
se ha olvidado en la noche nublada.

Huele a campo de mieses maduras
y humedad de tormenta lejana;
cielo bajo, sin luna ni estrellas
que ha apoyado su peso el alma.

Una mano, en el aire caliente,
estremece la vieja guitarra;
y ella es voz de un amor escondido
al que nunca violaron palabras;
hondo amor soterrado y doliente,
- ronco son de cadena arrastrada -
pozo oscuro guardando una luna
que se ahogó bajo el cielo del agua.

Gritos verdes de luz en el cielo;
negras sombras que ciegan y abrazan
breve luz de un cigarro que, a veces,
ilumina de rojo una cara.

Huele a campo de mieses maduras
y a humedad de tormenta lejana.

   Celestino Vega Mateos
 

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