|
VERANO
La blancura de cal del cortijo
se ha olvidado en la noche nublada.
Huele a campo de mieses maduras
y humedad de tormenta lejana;
cielo bajo, sin luna ni estrellas
que ha apoyado su peso el alma.
Una mano, en el aire caliente,
estremece la vieja guitarra;
y ella es voz de un amor escondido
al que nunca violaron palabras;
hondo amor soterrado y doliente,
- ronco son de cadena arrastrada -
pozo oscuro guardando una luna
que se ahogó bajo el cielo del agua.
Gritos verdes de luz en el cielo;
negras sombras que ciegan y abrazan
breve luz de un cigarro que, a veces,
ilumina de rojo una cara.
Huele a campo de mieses maduras
y a humedad de tormenta lejana.
Celestino Vega Mateos
|