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HAN TRAICIONADO EL ALMA DE LOS BOSQUES
Han traicionado el alma de los bosques y aniquilado el cuerpo de los prados en aras -aseveran- del progreso... Mas si entreabro el manto que recubre, La Codosera, tu cuerpo adolescente descubriré en tus senos todavía el verdor natural de un paraíso.
Como una gelatina monstruosa, ascendente y versátil, el aire se ha cubierto en las ciudades -que llamamos urbes del progreso- de una costra inquieta y aterrante de polvo iridiscente y gas irrespirable en suspensión.... El perfumado aliento de tus labios, en La Rabaza, junto al Gevorete, me dices que hay un mundo todavía para hombres con sangre en las entrañas.
Allí afloran equipos megafónicos sobre prados de hierba artificial, y por las bocas de los altavoces disparan, tabletean, (grabadas en los surcos de un compacto) unas notas que imitan pobremente cantando al ruiseñor en la enramada -que casi se ha extinguido el planeta-, mas yo sus trinos oigo todavía, en tu Chopera que al Gévora ensombrece.
Hay por la urbe miles de aerosoles perfumando el ambiente corrompido de alquímicos aromas olorosos con resina de pino en emulsión; que aspiramos desde la rejilla del filtro de una máscara antigás.
¿Entiendes mis afanes ascendidos, La Codosera, del que quiere morir siendo hijo tuyo tomando el sol bajo tus encinares?
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Pedro Cordero Alvarado |
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